Vespertina

Y así fue, se fue de pronto dejándome varado en los umbrales de mi memoria, se fue como cuando tienes ocho y los veranos se te escapan sin que te des cuenta, se escabullen entre las risas de los amigos y los juegos de fútbol, sin darte cuenta es domingo por la tarde y el otoño está esperando su entrada triunfal antecediendo su hojarasca llena de nostalgia a todos los nuevos recuerdos sembrados a lo largo del verano. Ahí estaba, paralizado ante la vida y todos los segundos desfilando frente a mí, preguntándose, ¿cuánto valor puede tener perder el tiempo un rato, recordando?789596_77322746 (2)

Esta había sido la última de mis derrotas, de estas inversiones al quizás, a la inseguridad de sus respuestas y es que uno no estaba hecho para quedarse, ¿Qué le hacemos? Así son las cosas, uno ofrece un fin de semana hermoso, risas pasajeras hijas de un humor aguzado por la bohemia, por la noche, así con ella la noche también me ayudaba a ofrecerles todos sus secretos, desenmarañar las estrellas en unas horas no es nada sencillo, moldear la percepción del curso del tiempo, maquinar historias fantásticas donde siempre gana el bueno… y aunque no gane, valen la pena, uno se bebe en cada trago el manto de la noche, hasta que se lo termina por la mañana, ahí, cual si fuera presa de una novela infantil se termina el encanto, no es tanto por la resaca, la broma soez que parecía tan bien ejecutada hacía unas horas y de momento parece herir las susceptibilidades de más de una, o esa rara e inexorable fobia al sol que tenemos los que amamos vivir a las horas de la luna.

En realidad,  es el viaje de regreso, donde todos volvemos a besarnos con nuestras rutinas, ahí, ahí es donde no cabe uno, en las rutinas de la gente, en volver a andar los pasos contados, memorizados, en hacerse parte del gris y sentirse cómodo y no mirar más que para abajo, de lunes a viernes, mirar para abajo, envejecer entre papeles que no te pertenecen , tener al ocaso del fiel subordinado, el funeral terrible de un oficinista, volver a casa y cortar el mismo pan, en las exactas mismas rebanadas, deshacerse en el sillón para mirar la novela o el noticiero, ahogarse en las noticias, en la muerte y el renacer de las noticias, este círculo vicioso que nos hace creer que siempre está pasando algo que lo cambia todo, llenar de gasolina el auto para viajar a los mismos lugares, ir al mismo cine, a la misma butaca, mirar la misma película por treinta años, con diferentes actores, correr al súper, buscar las ofertas y apretar el gasto, porque nunca alcanza, menos ahora y nunca, ir a la zapatería, comprar el mismo par de zapatos que el año pasado le compraste al mismo dependiente, que te mencione todas las bondades nuevas, arco re-diseñado, suelas antiderrapantes, cordones reforzados, para que quizás, si tienes suerte, esta vez no tengas que volver al año, sino al año y medio; saludar al mismo vecino que te busca la cara y negarle el saludo el que no te cae bien, huir del mismo perro, en la misma casa, que siempre que cruzas camino a cualquier lado, ladra como si no hubiera mañana y es que tal vez el perro tiene razón y no lo hay, no hay mañana y es que está jodido, ¿como puede haber mañana si todos los días son el mismo día?.

Ahí es dogdonde no quepo, donde no encajo, lo he intentado y juraría  que no es ufanarme de ser un portento de ser humano, único, excepcional, lo que pasa es que siempre he sido un desadaptado y en gran medida creo que eso, es lo que me ha traído acá, el convertirme en un compendio de desadaptaciones y a su vez de desilusiones. Uno vuelve casa, pero siempre vuelve solo, uno no es el hombre con el que las chicas vuelven a la ciudad y se quedan y se enamoran y se casan y viven felices hasta que la muerte los separa, uno no es el que añora volver a casa a jugar con el perro, a lavar los traste sucios de la comida, a acostarse temprano porque al otro día hay trabajo. Mi problema reside en lo que habitó mi pecho hace algunos años, ¿Cómo va a intuir uno de quién enamorarse? ¿A quién contarle la sarta de historias que has imaginado tan profundamente? Todas esas inmensas preguntas.

Así como todas las demás siempre han salido sobrando, pero siempre he estado abrazado a la esperanza de que exista una ligera y mínima posibilidad de participar en algo completamente maravilloso.

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